La fatiga al conducir un camión no es solo una cuestión de cansancio pasajero. Es un problema de salud ocupacional serio, predecible y, en muchos casos, subestimado. Diversos estudios recientes confirman que la somnolencia y la distracción al volante siguen siendo dos de los factores de mayor riesgo en el transporte de carga, incluso cuando los conductores cumplen con los límites legales de horas de servicio.
Un análisis global de eventos de conducción fatigada y distraída revela patrones sorprendentemente estables a lo largo del tiempo y entre distintas regiones. Esta consistencia, lejos de ser tranquilizadora, pone en evidencia que la fatiga no es un fenómeno aleatorio, sino una condición estrechamente ligada al ritmo biológico humano, a los horarios de trabajo y a la presión operativa del sector.
La fatiga tiene horario: el reloj biológico no perdona
Uno de los hallazgos más claros del análisis es que los eventos de fatiga alcanzan su punto máximo de forma constante durante las primeras horas de la madrugada, especialmente entre las 3:00 y las 5:00 a. m. Este comportamiento se repite prácticamente en todas las regiones evaluadas, lo que confirma la influencia directa del ritmo circadiano, el reloj interno que regula el sueño y la vigilia en los seres humanos.

Durante este intervalo, el cuerpo experimenta una caída natural en el estado de alerta, la temperatura corporal y la capacidad de reacción. Para un conductor profesional, esto significa mayor dificultad para mantenerse despierto, tiempos de respuesta más lentos y un aumento significativo del riesgo de cometer errores críticos.
El informe subraya que esta fatiga puede manifestarse incluso cuando el conductor ha respetado las horas máximas de conducción, lo que deja claro que cumplir la normativa no siempre garantiza estar en condiciones óptimas para manejar.
Fines de semana: cuando el riesgo aumenta
Otro dato relevante es que el riesgo de fatiga se incrementa notablemente los sábados y domingos. Este patrón podría estar relacionado con varios factores combinados: alteraciones en los horarios de sueño, acumulación de cansancio durante la semana, mayor demanda operativa en ciertos sectores y la tendencia a romper rutinas durante el fin de semana.
En Norteamérica, el sábado se posiciona claramente como el día con mayor número de eventos de fatiga. Este fenómeno demuestra que la fatiga no depende únicamente del número de horas trabajadas en un día específico, sino del equilibrio general entre descanso, ritmo de trabajo y recuperación física y mental.
Distracción al volante: menos teléfonos, más riesgos invisibles
Aunque el uso del teléfono celular al volante ha disminuido en muchas regiones, el problema de la distracción está lejos de resolverse. En Norteamérica, el total de eventos de distracción al volante aumentó un 37%, a pesar de la reducción en distracciones asociadas directamente al celular.
Este incremento sugiere que otras fuentes de distracción están ganando protagonismo. Entre ellas se incluyen desatención visual prolongada, interacción con sistemas dentro de la cabina, interferencia de otros ocupantes y momentos en los que el conductor no mantiene el control total del vehículo.
Los datos muestran que la distracción es más frecuente durante el día, con picos alrededor de las 8:00 a. m., y que tiende a ser mayor en los meses más cálidos, posiblemente debido a jornadas más largas, mayor tráfico y un entorno más demandante desde el punto de vista cognitivo.

Qué se considera un evento de fatiga o distracción
Para entender la gravedad del problema, es importante definir qué se considera exactamente un evento de conducción fatigada o distraída. Según los criterios utilizados por Seeing Machines, los eventos de fatiga incluyen microsueños, somnolencia y bostezos repetidos.
El microsueño, uno de los más peligrosos, se detecta cuando los ojos del conductor se cierran de manera incontrolada durante al menos 1,5 segundos. Aunque parezca poco tiempo, a velocidad de autopista ese lapso puede equivaler a recorrer decenas de metros sin ningún control consciente.
La somnolencia, por su parte, se manifiesta cuando los cierres de ojos son más lentos o frecuentes y cuando el conductor lucha activamente por mantenerse alerta. Movimientos involuntarios de la cabeza y pérdida de enfoque visual son señales claras de alerta.
En cuanto a la distracción, se considera evento confirmado cuando el conductor aparta la vista de la carretera durante cuatro segundos o más, utiliza dispositivos móviles o pierde el control pleno del vehículo. Este umbral busca un equilibrio entre la seguridad y la experiencia del conductor, apuntando a conductas que difícilmente estén relacionadas con la conducción segura.
La salud del camionero en juego
Más allá del riesgo inmediato de accidentes, la fatiga crónica tiene consecuencias directas sobre la salud del conductor. Trastornos del sueño, estrés, problemas cardiovasculares, deterioro cognitivo y afectaciones al sistema inmunológico son solo algunas de las consecuencias asociadas a jornadas prolongadas, descansos irregulares y conducción en horarios biológicamente desfavorables.
La fatiga no solo pone en peligro al conductor, sino también a otros usuarios de la vía y a la carga transportada. Por ello, cada vez más expertos coinciden en que debe abordarse como un problema de salud integral, no solo como una variable operativa.
Una oportunidad para actuar de forma preventiva
La estabilidad de los patrones de fatiga y distracción representa, paradójicamente, una oportunidad. Al ser predecibles, las flotas pueden diseñar intervenciones específicas en los períodos de mayor riesgo, como ajustes de turnos, pausas estratégicas, refuerzo de descansos nocturnos y programas de educación sobre higiene del sueño.
La tecnología también juega un papel clave. Los sistemas avanzados de monitoreo del conductor permiten detectar signos tempranos de fatiga y distracción, ofreciendo alertas en tiempo real que pueden prevenir incidentes graves. Sin embargo, estas herramientas deben complementarse con una cultura organizacional que priorice la salud del conductor por encima de la presión por cumplir horarios.
La fatiga al volante no debe interpretarse como una falla individual del conductor, sino como un riesgo estructural del transporte de carga. Los datos son claros: existen horarios, días y condiciones específicas donde el peligro aumenta, incluso cuando se cumplen las normas.
Reconocer esta realidad es el primer paso para proteger la salud de los camioneros y mejorar la seguridad vial. Invertir en descanso, planificación inteligente, educación y tecnología no solo salva vidas, sino que también fortalece la sostenibilidad del sector.
La fatiga no avisa. Pero hoy, más que nunca, sabemos cuándo y por qué aparece. Ignorarla ya no es una opción.
